LIBRO SEGUNDO - DIA 10


Décimo Día


Supongo que aguardará Ud., sufrido Dr. Siegnagel, una respuesta a la pregunta pendiente: “¿Cuál sería la siguiente reacción de los Golen frente al poderío tartessio, que se desarrollaba fuera de su control y que frustraba todos sus planes?” Esta es la respuesta, muy simple, si bien habrá que aclararla: los Golen dirigieron contra Tartessos el Mito de Perseo.
Con todo rigor, se puede afirmar que el de Perseo, así como otras leyendas que tardíamente se han agrupado bajo la denominación general de “Mitos Griegos”, es en realidad un antiquísimo Mito pelasgo. Con algunas de las historias “griegas” de Heracles ha pasado lo mismo: por ejemplo, con aquella en la que el héroe lucha con el Gigante Gerión para robarle sus bueyes rojos y que oculta, bajo un símbolo caro a los pelasgos, una antigua incursión de los argivos primitivos contra el “pueblo triple” de los iberos, o Virtriones, con el fin de conquistar el secreto de la ganadería que desconocían o habían perdido; y la prueba está en que aquellos argivos, “enemigos de los geriones”, se consideraban parientes de estos, desde que Heracles mismo era bisnieto de Perseo. Pero Perseo fue bisabuelo de Heracles sólo en el Mito argivo; en verdad, el tema está tomado de un Mito pelasgo mucho más antiguo, de origen ibérico atlante, que se refiere a la aventura emprendida por un Espíritu Hiperbóreo típico para alcanzar la inmortalidad y la Sabiduría. En el tema primordial el Espíritu Perseo no era argivo sino oriundo de los iberos atlantes, es decir, de un pueblo mucho más occidental; por eso su proeza no la lleva a cabo por encargo de un mero Rey mortal como Polidectes sino de la Diosa de la Sabiduría, Frya, la esposa de Navután: todos los Nombres, y las funciones de los Dioses, fueron luego cambiados, y trastocados, por los pueblos del Pacto Cultural, quedando la historia de Perseo en la forma conocida.
El tema es simple y, en cuanto lo exponga, Ud. comprobará que no puede proceder más que de la Sabiduría Hiperbórea de los Atlantes blancos. Una representación Hiperbórea del Origen, como ya lo mencioné más atrás, fue Thule, el centro isotrópico de donde procedía el Espíritu. De manera semejante, para los primeros descendientes de los Atlantes blancos, el Origen fue Ponto, al que luego se personificó como un Dios del Mar y se identificó con la Ola, seguramente porque de este “Origen” provenían sus Antepasados. Este Ponto se desposa con Gea, la Tierra, quien da nacimiento entre otros a Forcis y Ceto, símbolos prototípicos de los seres híbridos, mitad animales mitad Dioses: en un trasfondo esotérico esta imagen alude al Espírtu aportado por Ponto, el Origen, al animal hombre hijo de la Tierra. Los hermanos Forcis y Ceto se aparean a su vez y, junto a una serie de Arquetipos híbridos, dan vida a tres mujeres que ya nacen “viejas”: las Grayas o Greas, es decir, las Grises. Naturalmente, las Grayas no son otras que las Vrayas, las Guerreras Sabias encargadas de custodiar el Arado de Piedra y la Piedra de Venus: son “viejas” porque deben ser Sabias y los que ignoran el significado de los instrumentos líticos afirmarán luego que “entre las tres sólo tenían un Ojo y un Diente”.
Perseo es la idealización del Espíritu cautivo que intenta la hazaña de liberarse de la prisión material; su objetivo es descubrir el Secreto de la Muerte, conseguir la Más Alta Sabiduría, y hallar a la Pareja Original. Navután y Frya lo inspiran para que consulte a las Vrayas y ellas, con la Piedra de Venus, le indican el camino a seguir: debe dirigirse a un Bosque Sagrado de Fresnos y reclamar la ayuda de los Dioses para enfrentar con éxito a la Muerte. Es lo que hace Perseo y se produce el encuentro con Navután. El Dios le informa que la Sabiduría está en poder de su Esposa, Frya, pero que no resulta fácil llegar hasta Ella pues la Muerte se interpone al paso de los simples mortales. Para allanarle el viaje hacia Frya, Navután revela a Perseo el Secreto del Vuelo y le entrega el Signo de la Media Luna, es decir, el símbolo de los Pontífices Hiperbóreos, los Constructores de Puentes Más Sabios de los Atlantes blancos: según los Atlantes Blancos, los Pontífices Hiperbóreos sabían el modo de tender un puente infinito entre el Espíritu y el Origen (Ponto). El grado de Pontífice Hiperbóreo lo confirma Vides, el Señor de K'Taagar, cuando entrega a los que franquean la Puerta a la Morada de los Dioses Liberadores la túnica y el casco: sobre la frente de ese casco los Pontífices fijan el Signo de la Media Luna. Es tradición que los Pontífices así vestidos disponían de la Facultad de tornarse culturalmente invisibles, no por efecto de tal indumentaria, desde luego, sino por la Sabiduría que implica el poseerla. Navután enseña a Perseo la Lengua de los Pájaros y lo guía hasta la Morada de Vides, quien lo inviste de Pontífice Hiperbóreo: en su Viaje hacia Frya, Perseo llevará en la mano un buche de grulla conteniendo dieciséis piedras, en cada una de las cuales está grabada una Vruna. Al aproximarse a Frya, Navután aconseja al héroe no detenerse a mirar el Rostro de Muerte, lo que causaría su inmediata destrucción, y concentrarse en el Espejo que la Diosa de la Sabiduría significa tras la Muerte: ¡sólo así podrá vencer a la Muerte!, Perseo cumple las indicaciones con exactitud y, contemplándose en el Espejo de Frya, consigue comprender a la Muerte y se transforma en Hombre de Piedra Inmortal. A su regreso de la Muerte, Perseo emplea la Lengua de los Pájaros para comprender a la Serpiente con el Signo del Origen: entonces adquiere la Más Alta Sabiduría y encuentra a su Pareja Original.
Hasta aquí, lo más importante del tema original transmitido a los pueblos nativos por los Atlantes blancos. Es evidente que gran parte del mismo, milagrosamente recordado gracias a la misión familiar, fue incorporado por los Señores de Tharsis en la Reforma del Fuego Frío. Los lidios, posteriormente, contribuirían a su degradación mediante la “perfección de la forma ritual”, que consistía en el demencial intento de exhibir exteriormente, plasmados en la materia, unos signos que sólo pueden ser metafísicos. Claro que quienes más harían para pervertir el sentido del Tema del Espíritu Perseo serían los Sacerdotes del Pacto Cultural; y después que el sentido fuera restituido por el Culto del Fuego Frío, sin dilación, los acompañarían los Golen con todos sus recursos, trabados en una guerra que consideraban de vida o muerte para los planes de la Fraternidad Blanca a la que servían.
En tiempos de la caída cultural de los pelasgos, mucho antes de que los Golen iniciasen su siniestro desplazamiento hacia Europa, el tema original se consteló como Mito, los Nombres fueron cambiando, y los significados se distorsionaron e invirtieron. En el Mito argivo, Perseo, por encargo del tirano de Sérifos a quien prometió imprudentemente traer “la Cabeza de Medusa”, se dirige a la Tartéside pues el Monstruo habita un bosque de la península ibérica: semejante localización no es gratuita puesto que Vides, el Señor de K'Taagar, fue denominado por los Sacerdotes Ides, Aides o Hades, el Señor de Tar, es decir, del Tártaro o Infierno, con lo que Thar-sis, Tar-téside, Tar-tessos, etc., pasaron a designar lugares infernales. A esa ubicación contribuyeron también, en gran medida, los Golen, cuando lograron observar la escultura de la Diosa Pyrena y la identificaron en todo el mundo antiguo como “la Gorgona Medusa”. Al Perseo argivo lo ayudan Hermes y Atenea, en quienes aún es posible reconocer a Navután y Frya. Navután, en efecto, fue llamado Hermes, Mercurio, Wothan, etc.; como Hermes, según los griegos, era hijo de una mujer “atlante”, hija de Atlante, y de un Dios (Zeus), lo que no está lejos de la genealogía del Gran Jefe de los Atlantes blancos; fue inventor de un alfabeto, de la lira y la siringa, las que canjeó a Febo, el Sol, por el caduceo con el que éste pastoreaba a sus rebaños: si se considera que el caduceo es una vara con dos serpientes enrolladas, que El Sol representa al Dios Creador, y el rebaño a los animales hombres, es fácil distinguir en la figura de Hermes a la del que ha comprendido, mediante un lenguaje, al Símbolo de la Serpiente con que el Dios Creador pastorea a sus siervos. Y Frya, por su parte, fue conocida como Atenea, Minerva, Afrodita, Freya, etc.; de Ella, los griegos decían que “había nacido ya armada”: era, pues, Diosa de la Guerra, de la Sabiduría, y del Amor.
A partir de su viaje inverso a la Tartéside, el Perseo argivo comienza a comportarse como un claro exponente del Pacto Cultural: no consulta a las Vrayas sino que les roba el ojo común; éstas lo envían a Alsos, el hogar de las Alceides, es decir, a un bosque sagrado, donde encuentra a las Ninfas Melíades, las que no son otra cosa que personificaciones de los Fresnos; las Ninfas le suministran un saco de piel de grulla, donde colocará la Cabeza de Medusa, y unas sandalias que permiten volar; Hades le presta el casco de la invisibilidad; y Hermes le entrega una hoz con forma de media luna para cortar la cabeza del monstruo. Pero lo que más delata a esta falsificación engendrada por los Sacerdotes del Pacto Cultural es la prevención del Perseo argivo que teme convertirse en Hombre de Piedra. Porque en el Mito egeo no es una Sabiduría posterior sino la propia mirada de Medusa la que convierte en piedra; la Sabiduría, por el contrario, no está atrás de la Muerte sino afuera, junto a Perseo, definitivamente independizada e inalcanzable para él. Ella no permite que él se refleje en su Verdad Desnuda: se limita a colocar un espejo objetivo donde el “héroe” contemplará la Muerte sin que ésta lo atrape. Es toda la ayuda que le brinda Atenea: viéndola desde el espejo, Perseo clavará la hoz en el cuello de Medusa y dará muerte a la Muerte, sin que esta “hazaña” le permita alcanzar la inmortalidad. El espejo de Atenea es su escudo protector; la Cabeza de Medusa, obtenida en la inútil hazaña del perseo argivo, es colocada por la Diosa en el centro del escudo, dando a entender claramente que en esta Era, luego del triunfo del Pacto Cultural, la Sabiduría está escudada en la Muerte, sin que exista posibilidad alguna a los mortales de llegar a ella. Desde luego, esto es sólo una amenaza de los Sacerdotes del Pacto Cultural para desalentar la búsqueda de la liberación del Espíritu. En fin, como el Perseo argivo ni alcanzó la inmortalidad ni consiguió la Sabiduría, no podrá comprender a la Serpiente y por eso se ve obligado a matarla también, cosa que hará a la vuelta de su “hazaña”, cuando lucha contra un dragón y libera a Andrómeda, con la que se une y procrea numerosa prole.

Finalmente, corriendo el riesgo de ser ejecutados sin piedad por los tartesios, los Golen lograron infiltrarse en el Bosque Sagrado y espiar el Ritual del Fuego Frío. Desde aquel infausto día, los Golen supieron que habían hallado un Rostro y un Hogar para Medusa. En pocos años, merced a su incesante prédica y a la de los incontables Sacerdotes que los secundaban en todos los pueblos del Pacto Cultural, se popularizó con renovado vigor la leyenda argiva de Perseo: los hijos de Forcis y Ceto, las Grayas, las Gorgonas, y la Serpiente que cuida el Arbol de las Manzanas de oro, habitan en un bosque sagrado de la Tartéside, región que pertenecía a la sazón al Reino de Tartessos. Lógicamente, no se verá con claridad la ventaja estratégica que podía significar para los Golen el reflotar y adaptar un “Mito” si partimos del principio erróneo de que entonces nadie creía en él o de que todo el mundo, aunque le concediese veracidad “legendaria”, sabía que ello “ya había ocurrido”. Pensar eso demostraría no conocer la ideología de los Golen. Junto con su revolucionaria concepción de la unidad de Dios en el Sacrificio ritual, los Golen sustentaban el asombroso concepto de que los Mitos tenían carácter profético. Vale decir, que los Mitos, y todo argumento procedente del Cielo o de los Dioses, jamás se cumplen del todo, jamás están realizados totalmente. Tenían fe ciega en que si se repetían las circunstancias y los personajes, el Mito, como una Profecía, se iba a desarrollar nuevamente en la Tierra ; en síntesis, afirmaban:
                                                                                             
            Lo que fue, eso será;
            lo que se hizo, eso mismo se hará:
            nada nuevo hay bajo el sol.
                       
De manera que, a  juicio de los Golen, si se profetizaba el Mito del Perseo argivo éste se iba a cumplir infaliblemente: entonces la sentencia de exterminio que pesaba sobre la Casa de Tharsis quedaría también cumplida.
Por supuesto, no hay que engañarse con respecto a la actividad de un Mito descripto hasta en sus menores detalles: si bien en las mentes crédulas del pueblo, Perseo y Medusa, eran imaginados como personajes reales, los Reyes y jefes militares que ambicionaban el botín de Tartessos tenían en claro que se trataba de representaciones; en los siglos de la expansión tartesia, los que deseaban “emular a Perseo”, por ejemplo, sabían muy bien que la “Cabeza de Medusa” que debían cortar significaba “destruir a Tartessos”; algo semejante ocurría cuando en las guerras del siglo XIX se proponía “destruir al Oso”, aludiendo a “la conquista de Rusia”, o “humillar al León”, en lugar de “someter a Inglaterra”. Sin embargo, el hecho de que un Rey estuviese al tanto del sentido alegórico del Mito, no le resta a éste capacidad de actuar sino que, por el contrario, aumenta sus posibilidades de concretarse realmente: el que adopta inteligentemente el papel de personaje del argumento mítico, interpreta a la descripción del Mito como una especie de plan o proyecto a realizar; pero entonces no es el personaje quien actúa para realizar el proyecto del Mito sino el Mito el que, inconscientemente, motoriza al personaje para concretar el argumento: quien aspire a ser Perseo, acabará cortando la cabeza de Medusa, aunque crea que podrá auto-controlarse porque conoce el significado alegórico del personaje.    
Así pues, Dr. Siegnagel, los Golen “dirigieron contra Tartessos el Mito de Perseo” como reacción a la expansión económica y militar que se desarrollaba fuera de su control y frustraba todos sus planes: la respuesta es ahora clara. Durante los siglos posteriores muchos serían los “Perseos” que intentarían la hazaña de conquistar Tartessos; y casi siempre, integrando las expediciones guerreras, guiando a los Reyes invasores o a los Jefes piratas, llegaba el Golen, caricatura de Hermes que señalaría la morada de las Grayas y la ubicación del Ojo único, es decir, de la Espada Sabia. Porque los Golen no olvidarían nunca su objetivo principal: robar la Piedra de Venus. Esa sería su parte del botín: todo lo demás, el oro y la plata, los muelles, barcos y prósperas ciudades, todo sería para el Perseo vencedor, para el “héroe” del Pacto Cultural. No era mucho lo que solicitaban y no serían pocos los que responderían a sus intrigantes propuestas. Empero, pese a esta ofensiva que se fundaba en la acción universal de un Mito y que obligaba a los tartesios a vivir en permanente estado de guerra, el Reino se defendió con éxito hasta el siglo III, época en que su poderío comenzó a declinar frente a otras potencias nacientes: Cartago, Grecia y Roma escribirían el final de la historia.
Los griegos del período preclásico fueron muy receptivos a la Estrategia de los Golen y ello los condujo a emprender muchas expediciones de conquista contra Tartessos: desde sus pujantes colonias en Sicilia, Italia, Galia, y, finalmente, en la misma España, habrían acabado con Tartessos si no fuese porque debían cuidar sus espaldas del creciente poder de Roma. Los romanos, en cambio, se mostraron siempre amistosos con los tartesios y poco permeables a la influencia de los Golen: ello no debe extrañar si se recuerda que por las venas de la nobleza romana circulaba la sangre de los pelasgos de Etruria, parientes directos de los tartesios. El destino no reservaría, pues, ni a griegos ni a romanos la “hazaña” de destruir Tartessos. Sería un hombre de Cartago, un fenicio, un rojo o púnico, el nuevo Perseo que empuñaría la hoz de hierro, símbolo invertido y pervertido de la media luna, y cortaría la Cabeza de Medusa, dando así cumplimiento a la profecía de los Golen.

En el siglo XII A.J.C., cuando los filisteos la ocupan y saquean, comienza la decadencia de Sidón, la ciudad más importante de Fenicia. Se inicia así el poderío de Tiro, que no cesaría de crecer hasta que Nabucodonosor, tras un sitio de trece años, la arruina definitivamente en el 574 A.J.C. Mas, para ese tiempo, Tiro se ha expandido en todo el mundo antiguo y posee colonias, como Gades (Cádiz), en el Sur de España, en las costas de Sicilia, en las Baleares, en Cerdeña, y, desde el 814 A.J.C., en las costas de Africa, donde han fundado la rica y próspera ciudad de Cartago. Con la ruina comercial de Tiro cobra preponderancia, a partir del siglo VI, la colonia cartaginesa, poseedora de la mayor flota del Mediterráneo occidental.
Cartago alcanzó en la Historia la triste celebridad de haber constituido una sociedad amoral, formada por mercaderes cuya única ambición era la riqueza, que imponía su comercio con la protección de un ejército mercenario; sólo unos pocos Jefes militares, en efecto, eran cartagineses: el grueso del ejército estaba integrado por hombres sin patria y sin ley, vale decir, por soldados cuya patria era la del que más pagaba y cuya ley dependía del pago acordado. Pero lo que más impresionó siempre a los observadores, de manera análoga a la repugnancia que causó en los europeos del siglo XVI el conocer el sangriento Culto azteca de los Corazones Palpitantes, fue el Culto de Moloch, una deidad a la que se debían ofrendar permanentes sacrificios humanos para aplacar su inextinguible sed de vidas. En Tiro, los fenicios adoraban a Dioses muy semejantes a los de otros pueblos de la Mesopotamia y el Asia Menor: rendían Culto a la Diosa Astarté o Tanit, que para los asiriobabilonios era Ishtar o Innana, o Nana, para los griegos Io, para los egipcios Isis, y que en otras partes se llamaba Ashataroth, Cibeles, Atenea, Anatha, Hathar, etc.; y también ofrendaban a Adón, que equivalía al Adonis frigio; y creían en Melkarth, que correspondía al Heracles argivo; y ofrecían sacrificios a Baal Zebul, Baal Sidón, Baal Zaduk, Baal Il, Baal Tars, Baal Yah, etc., todos Nombres del Dios Creador al que se representaba ora como el Sol, ora como el planeta Júpiter u ora como una fuerza de la naturaleza. Fue en el siglo IX A.J.C., cuando el Rey Itobal, sacerdote de Astarté, casó a su hija Jezabel con el Rey Ajab de Israel, que los Golen se infiltraron en Tiro y trataron de unificar los Cultos en el Sacrificio al Dios Uno Il. Aquel intento no daría grandes resultados hasta el siglo siguiente, luego de que el Gran Rey Sargón II de Asiria conquistase el país de Canaán y los Golen se trasladasen a Cartago para oficiar como Sacerdotes del Culto a Moloch.
Hay que advertir que el cartaginés fue el primer pueblo en el que los Golen se establecieron, fuera de los pueblos europeos que les estaban asignados por la Fraternidad Blanca, para cumplir con su misión de unificar los Cultos. Pero sería el primero y el último pues, según ellos mismos declaraban, su interés sólo estaba en trabajar sobre los Cultos de Europa: si permanecían en Cartago ello se debía pura y exclusivamente a la herejía tartesia, a la necesidad de orientar a aquel pueblo Perseo para que cortase la Cabeza de Medusa y diese cumplimiento a sus profecías. Y fue así como, impulsado por el siniestro designio de los Golen, el Culto de Moloch llegaría a dominar por el terror a todos los otros poderes del gobierno de Cartago: el Rey, la Nobleza, los Consejos de Estado, los Jefes militares, todos acabaron sometidos a Moloch y sus Sacerdotes Golen. Al final, todas las familias de Cartago estaban obligadas a ofrendar sus hijos primogénitos para ser sacrificados en la “boca de Moloch”, es decir, para ser arrojados en la boca de un ídolo de metal que daba a un horno incandescente; y allí terminaban sus días también los prisioneros, los esclavos, los acusados por algún delito, las vírgenes consagradas, o cualquiera que a los Golen se les ocurriese eliminar. Mas el Dios jamás estaba satisfecho: exigía más y más pruebas vivientes de la Fe del pueblo en el Sacrificio ritual; su Ley reclamaba una cuota de sangre difícilmente disponible. Quizás Moloch esperaba un Sacrificio aún mayor, quizás se calmaría con la ofrenda de todo el linaje que lo había ofendido, con el exterminio en Su Nombre de la estirpe de los Señores de Tharsis.
Al estallar las guerras púnicas; en el año 264 A.J.C., los Golen creyeron llegada la oportunidad de dar cumplimiento a las Profecías. Y no sólo lo creyeron Ellos sino también los miembros de la Fraternidad Blanca, quienes enviaron desde Chang Shambalá a dos misteriosos personajes de nombre Bera y Birsa. Eran dos Sacerdotes de grado superior, a los que daban el título de “Inmortales”; dos Sacerdotes que por haber pertenecido en remotas Epocas a la misma Raza de los Golen, la Fraternidad Blanca les había encargado la misión de dirigir sus planes. Eran dos “Golen Supremos”, pues; que superaban cuanto pudiesen haber demostrado sus hermanos de Raza en materia de crueldad y artes diabólicas: entre otras potestades, por ejemplo, poseían la facultad de viajar por el Tiempo, dominio que mi familia comprobó amargamente toda vez que los mismos actores aparecieron en distintos siglos posteriores con el fin de procurar su destrucción. En aquella ocasión, Bera y Birsa se pusieron al frente de los Golen de Cartago para dirigir personalmente el ataque a Tartessos pues, aparte de la Raza, los unía a todos un mismo odio contra la Casa de Tharsis. El General Amílcar Barca sería el nuevo Perseo, el instrumento que el Mito empleaba para desarrollarse nuevamente en la Tierra. Con el propósito de que este militar demostrase ante el Dios Uno que estaba preparado para realizar la hazaña, se lo impulsó a que asesinase a cuarenta mil hombres de su ejército mercenario, a los que previamente se había incitado a la rebelión suprimiéndoseles el pago de la soldada: desde el Desfiladero del Hacha, un Río de sangre fue a parar así a las fauces de Moloch, para satisfacción de los Golen y como clara señal de que la profecía podría ser cumplida. A continuación el gobierno de Cartago, siguiendo las instrucciones de los Sacerdotes Golen, encargó en el año 237 A.J.C. a Amílcar Barca la conquista de España. Esta invasión, la última que iba a soportar Tartessos, fue el tema de una saga familiar de leyendas orales denominada “El Ataque de los Veintidós Golen”.
Cuenta la saga que en el año 229, mediante un hábil e inesperado repliegue de tropas, el General Barca consigue “sorprender a Tartessos dormida”, como el Perseo argivo a Medusa, y la somete a sangre y fuego. Empero, mientras los soldados se entregan a la matanza y al saqueo, otros hechos están sucediendo. Acompañando al ejército cartaginés han llegado hasta Tartessos veintidós Golen, es decir, veinte Sacerdotes Golen conducidos por Bera y Birsa. El Mito del Perseo argivo se ha hecho realidad, la profecía se está cumpliendo en ese momento, y es necesario actuar con rapidez y precisión: en tanto los veinte Golen ocupan el Bosque Sagrado, y efectúan los rituales convenientes para consagrarlo al Dios Uno El Moloch y neutralizar la influencia mágica de Pyrena, los Inmortales Bera y Birsa irán en busca de la Espada Sabia. Los Golen se aplican a su tarea y pronto se encuentran profanando la Lámpara de Pyrena, concentrados junto al Manzano de Tharsis y a la escultura de la Diosa. Lo que ocurre a continuación obedece a que cada uno comete un error de evaluación sobre la capacidad y el modo de reacción del adversario: los Golen erraron al no considerar la locura mística y heroica que los Hierofantes tartesios disponían por ser descendientes de los Señores de Tharsis; y los Hierofantes subestimaron los poderes y la determinación de los Golen, quizá por desconocer hasta entonces la existencia de los Inmortales como Bera y Birsa.
El error de los Golen fue suponer que los Hierofantes, desprevenidos tanto como los centinelas de Tartessos, aceptarían con resignación la pérdida del santuario del Bosque Sagrado o que, a lo sumo, ofrecerían resistencia armada, caso en el que actuaría en su defensa una tropa que los escoltaba. La realidad, muy distinta, era que los Hierofantes habían considerado muchos años antes la posibilidad de que el Bosque Sagrado cayese en poder del Enemigo y tenían tomada, ya, una decisión al respecto: jamás permitirían que ello ocurriese; la caída del Bosque Sagrado implicaría, necesariamente, su destrucción. Por eso cuando el fuego, que avanzaba perimetralmente, rodeó y abrasó el centro del Bosque, los veinte Golen y la Guardia no pudieron hacer nada para evitar la horrible muerte: los esqueletos carbonizados mostraron, después, que todos se habían refugiado bajo el Manzano de Tharsis y que finalmente ardieron y se consumieron como éste y los restantes árboles del Bosque. Todo se incineró en aquel incendio que había sido cuidadosamente planificado durante años y preparado mediante una estudiada distribución de leña seca en distintas partes del área: al ingresar al Bosque Sagrado en tren de conquista los Golen no ganarían una plaza sino que caerían en una trampa mortal. Por supuesto, ellos jamás hubiesen supuesto que los Hierofantes tartesios “sacrificarían” su Bosque Sagrado antes de verlo ocupado por el Enemigo y esta reacción sería tomada como una lección por los Golen que, en lo sucesivo, continuarían luchando contra los descendientes del Pacto de Sangre.
Y la subestimación que los Hierofantes cometieron al evaluar el real poder de los Golen a punto estuvo de causar la pérdida definitiva de la Espada Sabia. Si ello no ocurrió el mérito sólo debe atribuirse al valor increíble de las Vrayas; y a una lealtad al Pacto de Sangre que iba más allá de la muerte. El caso era que a unos veinte kilómetros de Tartessos, sobre la ladera del Cerro Candelaria, se hallaba la entrada secreta a una Caverna que había sido acondicionada en tiempos remotos por los Atlantes blancos: era una de las obras que se debían conservar de acuerdo al compromiso del Pacto de Sangre. Naturalmente, luego de la derrota cultural de los iberos tal compromiso se olvidó y la Caverna, oculta y solitaria, permaneció abandonada miles de años. Sin embargo, los efectos purificadores de la prueba de familia que culminaron con la Reforma del Fuego Frío, causó su redescubrimiento, a pesar de que no todos, ni en cualquier momento, podían penetrar en ella: el motivo era que la entrada secreta estaba señalada con las Vrunas de Navután y sólo los de Sangre Pura, los que eran capaces de escuchar la Lengua de los Pájaros, lograban encontrarla; quien no reunía estos requisitos no conseguía descubrirla ni así estuviese delante de ella. Pues bien, esa Caverna había sido elegida por las actuales Vrayas para guardar la Espada Sabia. Un corredor de guerreros tartesios se formó para permitir la salida de Tartessos de las Vrayas y salvar, a último momento, la valiosa herencia de los Atlantes blancos: muchos perecieron para consumar este heroico rescate, muchos que hoy han de estar inmortalizados por su valor, aguardando en K'Taagar el momento en que regresarán a ocupar sus puestos de combate, cuando se libre sobre la Tierra la Batalla Final. Gracias a su leal entrega, las Vrayas, que en ese tiempo eran la Reina de Tartessos y dos princesas, pudieron llegar hasta la entrada secreta de la Caverna. En verdad iban perseguidas tan de cerca por Bera y Birsa que sólo una princesa, portando la Espada Sabia, logró atravesar el umbral, mientras las otras dos Vrayas se retrasaban para detenerlos. Y aquí fue donde se vio el terrible poder de los Inmortales Golen pues, aún cuando las Vrayas los enfrentaban con sus temibles hachas de piedra, ellos no necesitaron emplear arma alguna para dominarlas, salvo sus artes demoníacas. El Poder de la Ilusión, en el cual eran Maestros, les bastó para inmovilizarlas y apoderarse de ellas. Empero, la Espada Sabia ya estaba a salvo en la Caverna Secreta puesto que a los Golen, que sólo poseían Alma pero carecían de Espíritu, les resultaría imposible comprender las Vrunas de Navután.
La saga familiar concluye esta parte de la historia narrando el espectáculo observado por los Hierofantes tartesios cuando se dirigieron a la Caverna Secreta, luego de incendiar el Bosque Sagrado. Tendidos en el suelo de la base del Cerro Candelaria, no muy lejos de la entrada secreta que ellos no habían conseguido encontrar, estaban los cadáveres de la Reina de Tartessos y la princesa espantosamente mutilados: de aquel cuadro resultaba evidente que Bera y Birsa sometieron a cruel tormento a las valientes Iniciadas con el objetivo de obligarlas a confesar la clave de la entrada secreta; y era indudable que ellas habían preferido morir con Honor antes de traicionar la misión familiar y el Pacto de Sangre; habían así resistido primero a la presión mágica del encantamiento de los Golen, con Voluntad de acero, y después a la tortura física, a la Prueba del Dolor. Entonces, seguramente al comprobar el fracaso de sus planes y temiendo un enfrentamiento con los Hombres de Piedra, los Inmortales se apresuraron a asesinarlas y a partir hacia la Isla Blanca, no sin dejar tras de sí una inequívoca señal de sus infernales presencias: antes de irse, escalpelaron los dos cadáveres y se llevaron la totalidad del cabello, las dos trenzas teñidas con lechada de cal que las Vrayas, como todas las Iniciadas consagradas a Io-a, lucían hasta los tobillos. Y con la sangre que se escurría desde los cráneos desnudos, escribieron en lengua fenicia sobre una roca algo así como: el castigo para los que ofendan a Yah provendrá del Jabalí. Sin dudas, otra de sus malditas profecías.